viernes, 24 de febrero de 2012

KAOS QUÁNTICO, Libro IV: Cosmogénesis; La Emperatriz


3 – La Emperatriz


Ya era hora, Hombre, hijo mío, de que te presentase a tu santa madre. Gaia, la Naturaleza que gobierna sobre toda la creación y que no es otra cosa que lo que sale de su seno. Ella, la Emperatriz es el crisol, el cáliz, donde las acuosas ideas del Mago toman forma gracias al calor del fuego espiritual de la Sacerdotisa, la Papisa.


Ella es la punta móvil del compás que dibuja, con su mina, el círculo del Universo. Un universo aparentemente inabarcable pero finito. Ella gobierna sobre todo lo que existe y vive dentro del círculo. Es la madre cariñosa que mima a sus hijos; pero también es la madre feroz que los reabsorbe, en su seno, para ser reciclados en nuevas formas de vida material.

Hijo mío, mientras ocupes tu cuerpo mortal jamás podrás separarte se tu santa e inmaculada madre. Ella está en las constelaciones. Ella es el vacío "Éter" estelar y el fuego de las estrellas. Ella gobierna sobre las aguas de los cometas y alimenta a las criaturas marinas aéreas o terrestres. Aunque su fondo y origen es amoroso, no destructivo para la materia, como el de la Papisa; no obstante su amor se encuentra muy por encima de nuestra consciencia del bien y del mal.

Igual que nosotros, sin querer, podemos ocasionar, sin percatarnos, una terrible catástrofe en un hormiguero cuando caminamos, así tu madre, hijo mío, puede destruir civilizaciones enteras, ocasionar extinciones cíclicas masivas y modificar parcelas enteras del cosmos.

Pero las ideas, los espíritus de la creación, siempre permanecen aunque cambien sus cuerpos. Amorosamente, ella siempre dispuesta, proporcionará la materia necesaria para retomar la corporeidad perdida debido a cualquier causa o accidente ocasionado.

A ti hijo mío, como Ser en parte material y por lo tanto mortal, te parece todo ruin, trágico y bestial; pero si observases el cosmos desde la perspectiva de la Emperatriz, tu madre, comprenderás que nada es tan trágico y dramático. Solo son ciclos de los círculos de la punta del compás. En la Naturaleza, lugar de gobierno de la Emperatriz, ella misma, todo es cambiante. Nada permanece estático, ni tan siquiera la más diminuta partícula de polvo estelar.

Esos movimientos, naturales, cuando son de tamaño diminuto a ti te parecen inocuos aunque a criaturas ínfimas de tamaño les produzca catástrofes inenarrables. Así sucede con vosotros los humanos en vuestra relación con vuestra santa e inmaculada madre. Ella extiende sus brazos y los cúmulos estelares tiemblan. Se mece el pelo y las galaxias chocan unas contra las otras. Estornuda y se crean nebulosas estelares donde nacen las estrellas.

Todo sale del vientre de la emperatriz. Todo se mueve dentro de la Naturaleza; pero nada material puede salir del interior del círculo porque lo que hay o no hay fuera impediría la manifestación de cualquier cuerpo visible y tangible. Solo las ideas incorpóreas, los espíritus, pueden vivir fuera de la creación de la Emperatriz.

Gracias a tu madre, hijo mío, podemos mantener esta conversación y puedo contemplar tu faz cuando los interrogantes redibujan tu rostro. Aunque tú no puedas verme, ya me mostraré a ti, si puedes escuchar mi voz como un susurro interior que te habla con la fuerza de un padre hacia su hijo. Tiempo llegará en que sepas quien eres en verdad e hijo de quien eres también. De momento confórmate con saber que la Naturaleza es la madre de tu vehículo corporal y del aire que respiras. Del agua que compone las células de tu cuerpo y de los minerales que conforman tus huesos.

Tu espíritu es un alienígena en este cosmos ideado dentro del Caos del Loco por la eterna mente del Mago y recreado en la Emperatriz gracias al, fuego, Espíritu de la Sacerdotisa.

Concepto Quántico de la Consciencia

La consciencia es el principal atributo humano que parece diferenciarlo del resto de los animales. Independientemente de que dicha acertación fuese verdadera o falsa, lo cierto es que se encuentra condicionada por el entorno experiencial, tanto interno como externo de la especie humana.

Nuestra consciencia está limitada, por un lado, a las experiencias que llegan a nuestro cerebro desde los sentidos periféricos: Vista, tacto, oído, olfato y gusto; pero también por uno interior, al que se suele denominar, vulgarmente, como sexto sentido y que no es otra cosa que el resultado del trasiego de la información desde los nervios sensores, pasando por el sistema central de bus de información que es la médula espinal, el cerebro reptiliano o cerebelo, hasta las neuronas cerebrales y su intrincado sistema de procesamiento dentro de sus distintas parcelas.

Cada célula tiene un contenido genético, en el cual se encuentra también una memoria ancestral y que se remontaría a las primeras partículas vitales, virus, células y otros elementos conocidos o desconocidos por la ciencia actual. Toda la información que pasa por las células nerviosas, en el proceso de transmisión, como bien dice la física cuántica,  es alterada, levemente modificada, hasta llegar a los órganos de comprensión. Los sueños de la máquina humana se producirían de un modo muy parecido al explicado aquí.

No obstante, a pesar de todas las limitaciones expuestas; la consciencia humana posee una característica, espiritual, que la hace dirigirse hasta planos que no tienen nada que ver con la realidad sentida. Eso demostraría que el Hombre es algo más que una máquina biológica desarrollada para subsistir y procrear en un mundo determinado.

Por lo tanto, la Consciencia tal y como la concebimos, estaría sujeta a un proceso de ambivalencia, donde tirarían dos fuerzas de gran importancia, la biológica que la ataría al plano de la realidad conocida y la espiritual que tendería, por inercia,  a despegar los pies del suelo y elevar al ser humano a planos de existencia desconocidos para los sentidos y sus órganos de interpretación.

Sería de esos planos, donde la consciencia toma la información que luego es transformada en ideas religiosas o de otro tipo. Metafísicas para ser más comprensible.


Llegados a este punto, podríamos especular que en nosotros viven dos seres, uno que sería de este mundo, el Cuerpo y su alma, cuyo objetivo sería la pura supervivencia, mediante el alimento, defensa y reproducción, y otro que vive a sus expensas, el espíritu, que intenta transformar a la Criatura humana en algo diferente al resto de sus hermanos biológicos, los animales.


Al contrario que los simples parásitos, el Espíritu, como un buen simbionte, habría tenido una importancia vital en la conformación de lo que actualmente conocemos como Consciencia, haciendo que nuestra especie, en muchas circunstancias, anteponga lo espiritual y elevado, aunque desconocido, a la mera supervivencia biológica, real y perfectamente conocida.
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